Música…  ¿beneficiosa durante tratamiento del cáncer?

 

Un estudio revela la importancia de su empleo como tratamiento complementario

Investigadores del Departamento de Terapias de Artes Creativas de la Universidad de Drexel, en Filadelfia, han demostrado a través de un estudio que las intervenciones con música pueden tener efectos beneficiosos sobre la ansiedad, el dolor, el estado de ánimo y la calidad de vida de las personas con cáncer. A pesar de su menor incidencia en aspectos tales como la frecuencia cardiaca, la frecuencia respiratoria o la presión arterial, las conclusiones de esta investigación validan la eficacia de la música como tratamiento médico complementario.

Los efectos de la música sobre la salud son incuestionables. Desde la Prehistoria hasta nuestros días, la música ha sido utilizada como terapia de curación espiritual y física, convirtiéndose en la actualidad en una disciplina sanitaria más del ámbito académico.

Un estudio realizado por investigadores del Departamento de Terapias de Artes Creativas de la Universidad de Drexel, subraya la importancia que la música adquiere a la hora de aliviar los síntomas y los efectos secundarios de los tratamientos en personas con cáncer.

Los experimentos llevados a cabo por personal médico y terapeutas musicales, ponen de manifiesto la consecución de significativas mejoras en la ansiedad, el dolor, el estado de ánimo y la calidad de vida de estas personas.

Para la doctora Wendy Anderson, especializada en medicina paliativa y profesora adjunta de la Universidad de California, esta investigación adquiere una especial relevancia en el terreno médico, puesto que “cuando hablamos de cuidados paliativos, los profesionales siempre intentamos sacar el mejor partido de una situación difícil y a veces la mejor forma de hacerlo es utilizando métodos no farmacológicos”, según declaró.

Experiencia terapéutica

Con el objetivo de comparar los efectos de la musicoterapia o las intervenciones médicas musicales con la atención estándar u otro tipo de tratamientos en individuos que presentan esta condición de salud, los investigadores analizaron los resultados de 30 ensayos efectuados en siete países con un total de 1.891 participantes de todas las edades y afectados por cualquier tipo de cáncer.

En 13 de estos ensayos intervinieron musicoterapeutas capacitados, mientras que en el resto, la experiencia terapéutica se limitó a que el individuo escuchara la música pregrabada ofrecida por un profesional médico. Las sesiones tuvieron una duración de 30 a 45 minutos, variando el número de sesiones dependiendo del caso a tratar.

En algunas ocasiones, se aplicó un tipo de tratamiento placebo que incluía el uso de auriculares por la personas con condición de salu, sin proporcionarle ningún estímulo musical o únicamente un estímulo auditivo como silbidos, oleaje de mar u otros sonidos de la naturaleza.

Los resultados de más de la mitad de los ensayos, 16 en total, indicaron que la musicoterapia y las intervenciones médicas con música pueden tener un efecto beneficioso sobre la ansiedad en las personas con cáncer, con una reducción de hasta 11,20 unidades como promedio en el STAI-S, así como un efecto moderado en el alivio del dolor. Las conclusiones también fueron positivas en relación al estado de ánimo de los individuos que participaron en el estudio, y a su calidad de vida.

Música y cáncer

A su sufrimiento emocional, físico y social se suman también los síntomas y efectos secundarios de su tratamiento, que incluyen alteración del apetito, dificultad para la deglución, náuseas, vómitos, diarrea, problemas para respirar, fatiga, insomnio o debilidad muscular y entumecimiento.

El trabajo de los musicoterapeutas al respecto no se limita únicamente a ofrecer un tipo de música determinado para favorecer la relajación de las personas con cáncer. Estos expertos poseen capacidades clínicas y académicas para seleccionar el tipo de música más adecuada en función de la sintomatología del individuo, pudiendo a través de sus prácticas aumentar su sentido de control y mejorar su bienestar físico.

Su capacidad para disminuir los efectos secundarios de las sesiones de quimioterapia y radioterapia o para mejorar el funcionamiento del sistema inmunológico debería considerarse como un buen punto de partida para continuar investigando su potencialidad en el entorno médico.

Con información de Tendencias 21.